Orgullo y prejuicio. Jane Austen

febrero 25th, 2012 § 1 comentario

Orgullo y prejuicio_Jane Austen

Citas: For what do we live, but to make sport for our neighbors, and laugh at them in our turn?
I was sure you could not be so beautiful for nothing! 

Por qué me gusta Orgullo y prejuicio: porque al asno de mi corazón a veces le encanta la miel, porque leer una historia de amor es la mejor manera de lavotearse el cinismo. La misma Jane Austen dijo que era una felicidad que los buenos terminasen juntos y es cierto, a veces basta con que los buenos de la historia terminen juntos. También porque me parecen un prodigio los diálogos entre Lady Catherine y Elizabeth (me hacen recordar a Albert Hackett y Frances Goodrich), el sarcasmo derrotado y cruel del señor Bennett, el retrato preciso e hilarante de los personajes ridículos, el mundo tan constreñido de pequeñas cosas en el que saber cuántos caballos conducen el carruaje de una persona o cuántas plumas y de qué pájaro llevaba una señora en el sombrero te daba una idea de su lugar en el mundo.
Charlotte Brontë dijo que las pasiones eran completas desconocidas para Jane Austen, y seguramente sea cierto. Pensemos. Elizabeth Bennett (una de las muchachas insustanciales más encantadoras de la literatura) no se enamora de Fitzwilliam Darcy hasta que se pasea por sus predios y atraviesa el umbral de su impresionante casa, ese mítico lugar llamado Pemberley. Lydia Bennett huye con Wickham no por pasión arrebatada sino porque es una cabeza hueca. El amor de Bingley y Jane comparte el mismo grado de vehemencia que una lata de tomate (sin abrir). El único que demuestra tener algo de sangre y triperío es el propio Darcy (que por otro lado en la novela se limita a ser perfecto objeto de deseo y pasear su allure orgullosa de rico heredero a caballo), quien al enamorarse violenta y ardientemente es capaz de cualquier cosa, incluso de mejorar que es más difícil que matar un dragón o cortarle la cabeza a Medusa. La historia de Elizabeth y Darcy es como un baile larguísimo, como esos que se bailaban en la época y que en la novela son grandes acontecimientos que marcan fecha en la vida de las jovencitas en flor que necesitan encontrar marido: ahora me acerco, ahora me alejo, ahora la figura del baile exige que baile con otro, ahora reconsidero mi manera de comportarme, ahora me sonrojo, ahora bajo los ojos, ahora me nace un sentimiento. Y de eso sí entiende Jane Austen a fuerza de enterrar en el corsé social las pasiones, de sentimientos tibios nacidos de la desesperación de estar obligada a vivir aparte del mundo de los hombres aún compartiendo los mismos espacios.
Nunca escuché a un hombre vivo hablar de Orgullo y prejucio, sí los he oído hablar de Paradiso o de El corazón de las tinieblas. Creo que miran este libro de reojo y lo agarran con la misma prevención con la que agarrarían una caja de tampones. ¿Es porque Orgullo y prejucio es una novela presuntamente sentimental ergo femenina? ¿Es porque las mujeres, todas, en algún momento de nuestra vida nos hemos enamorado del señor Darcy, ese hombre que se vuelve una mejor versión de sí mismo para agradar a su exigente amada? No lo creo. Creo que es porque Jane Austen escribe sobre un mundo tan pequeño que podría llamarse doméstico (su famoso trocito de marfil), en el que las grandes preocupaciones eran bodas, herencias, un lazo nuevo para el sombrero o el vestido, y eso, para los hombres, es como que una observadora aventajada describiera el harén de paredes invisibles en el que la tuvieron encerrada toda su vida. Por suerte de Jane Austen sí hablaron algunos de mis hombres muertos preferidos, mejor léanlos a ellos.
Hay muchísimas ediciones de Orgullo y prejuicio en español, Jane Austen está libre de derechos. Tengan cuidado con las traducciones, hay algunas terribles. Abran y miren la primera frase, la más famosa de la literatura inglesa, así se hacen una idea de los pavores o de las maravillas que les esperan. Yo les dejo una incómoda de leer por el formato, quizá demasiado modernizada pero bastante buena. O consideren la opción de aprender inglés.

Por fuera del libro:
No les hablaré ni de Colin Firth chorreando agua en la versión que hizo la BBC en 1995 ni de Keira Knightley paseándose con botas debajo del vestido en la película pop del 2005 en la que Donald Sutherland aparece tan convenientemente despeinado. Les hablaré de los dos hermanos de Jane Austen, Francis y Charles, que estuvieron en las guerras napoleónicas y fueron almirantes de la Marina Británica y de lo que Lord David Cecil escribió:  “Si dudara de la inteligencia de alguna de mis acciones no consultaría a Flaubert o a Dostoievsky.  La opinión de Balzac o de Dickens pesaría poco en mi ánimo; si Stendhal me reprendiera, sólo me convencería más de que hice bien; incluso en el juicio de Tolstoi no depositaría mi confianza completa. Pero me quedaría seriamente disgustado, me preocuparía durante semanas y semanas, si incurriera en la desaprobación de Jane Austen.” Me gusta pensar que esos señores con casaca que habían visto cosas terribles se medían si se comportaban en una gentlemanlike manner en la mirada de esa chiquilla que era su hermana.

El libro en inglés

El libro en español

Una referencia bonita

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